lunes, 19 de julio de 2021

DUELO

Quisiste ignorar a Cronos sin mirar el reloj 

de las cosas importantes y fuiste tragando

una a una, todas las cosas que el corazón soportase.

Tu corazón era tan grande, no, ¡es tan grande!


que tragabas y tragabas sin medir, presuponiendo 

que todo te cabría hasta que un día el corazón 

te empezó a pedir ayuda  porque estabas agotando 

los restos de tu cuerpo, de tanto esforzarte.

Ya no podías digerirlo todo sin más, sin procesar. 

El corazón se quejaba y el alma empezó a llorarte 

todas las cosas que nunca le permitías llorar. 


Le llevaste aquel reloj  para que lo viera desde su celda

para que no se le perdiera el tiempo en su lúcida cabeza 

y sus crucigramas, esa herencia de palabras suya

No hablábamos de nada trascendente -silencio-,

contemplando a  las Parcas escribiendo en la pared.


Nadie quería nombrar a la muerte, por si no venía.


Despedirle, fue lo más triste de todo y a pesar de todo 

fue lo más feliz. Poder verle descansar al final del día. 

Sentarme a su lado y administrarle todo el amor, 

que no sé si le llegué a demostrar lo suficiente, 

por aquella sonda conectada a su cuerpo, 

esperando absorber con ese gesto tanto dolor que  sentía

y me lo quise quedar para mí, ¡todo para mí!, por no verle sufrir.


Lo más difícil, coger su mano de infinita bondad

para dejarle marchar tranquilo y escucharle respirar 

durante los minutos  eternos, tan llenos de verdad

y ver cómo proyectaba su último aliento al cielo, 

entonando una canción de adiós, ¡tan sereno! 


Y luego el silencio...

y ya no poder  preguntarle tantas cosas.

(C) Lou Dana





























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