Danzar
Buscaste en el desván de tus sueños
aquel espejo donde evitabas no mirar
porque te dolía, sí; se te partía el Alma
cada vez que lo mirabas frente a frente.
Ya sólo veías aquel cisne dulce y albo,
tan joven herido, abatido...muerto.
Pero las heridas empezaron a sanar,
empezó a desaparecer tanto dolor
y la muerte, de aquel espejo polvoriento.
Ya no había telarañas en el recuerdo.
El cisne, no sangraba; no lloraba.
En su lugar, había renacido otra cosa:
una mujer viva sostenida por su Alma;
un solo ser entre pechos y espaldas.
Y te viste alzando el vuelo con fuerza
impulsada por él, por ella, por ambas.
Sentiste al fin , el aire danzar en tu piel,
te elevaste al cielo tras un eterno plié.
Ya no veías sólo el dolor en el cuerpo.
La tensión de aquel espíritu helado
se había tornado en eléctrica pasión.
Te mirabas en el espejo y sólo veías
el azul profundo del telón de fondo.
Pero vuelves a mirarte con otros ojos
y el foco de luz se enciende de nuevo
para ti; para dejarte ver tu semblante,
tu porte elegante, tu pasión desbocada
tu fuerza, tu grandeza: sublime belleza.
Volviste a bailar con sutileza
en Compañía de Danzas y Poesía;
volviste a subir al escenario del verso,
volviste a vivir y a soñar tu grandeza.
Mi querida Alma...¡vuelves a vivir!
(C) Lourdes Madueño Valero

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